Declaración del Grupo de Historia Marxista ante la crisis social surgida del terremoto

Autor: GHM
Fecha: 23/03/10

El terremoto grado 8.8 que azotó el centro sur de Chile el pasado 27 de febrero a las 03:33 ha dejado un enorme saldo social que, desde un análisis marxista de clase, se encuentra concentrado especialmente fundamentalmente en la clase trabajadora y los sectores pauperizados del pueblo, pero también, aunque en menor medida en las capas medias empobrecidas y en la pequeño burguesía artesanal de los estratos más bajos.

Esta situación de miseria y precariedad de la clase trabajadora, de los sectores populares y pobres de la estructura social, agudizada y a la vez debelada, ha sido retratada en la prensa de la clase dominante al señalar que de las entre 200 y 500 mil viviendas destruidas, la gran mayoría son de bajo costo y de sectores con sueldos inferiores a los 150 mil pesos, sectores de los trabajadores y del pueblo precarizado y oprimido. Por otro lado los sectores más pobre de pequeños comerciantes y pescadores artesanales más golpeados son los más golpeados de las capas intermedias de las regiones de O`higgins, El Maule y el Bio-Bio.

Del mismo modo como denunciaron los mismos trabajadores y pobladores durante los primeros días del derrumbe social, la infraestructura educacional y de salud afectada fue aquella implementada por los gobiernos de la Concertación y la Dictadura militar previa, fueron los establecimientos educacionales y de salud estatales los que quedaron inutilizados. Jaime Gajardo, el Presidente del Colegio de Profesores, ha señalado que en las regiones afectadas un 20% de los establecimientos educacionales municipales y un 20% de los subvencionados se encuentran con fallas estructurales que los dejan inutilizables y más de 300 profesores se encuentran damnificados, lo que se ha traducido en la postergación del año escolar en dichas regiones, Joaquín Lavin el Ministro de Educación ha dado a conocer que el costo de la reconstrucción de la infraestructura se estima en 3.000 millones de dólares. En el sector Estatal de la salud las consecuencias fueron aún más devastadoras, tras el terremoto la hepatitis y el Tétanos alcanzara a unas 80 mil personas del pueblo trabajador chileno que no podrán ser atendidas en los establecimientos públicos destruidos por el terremoto que dejaron a 4 mil camas inhabilitadas, lo que representa el 15% de la infraestructura de salud pública del país, lo cual se traduce en 3.600 millones de dólares que costará reconstruir dichos hospitales, mientras el gobierno instala 15 hospitales modulares. Todo esto deja entrever la precariedad de las condiciones de vida de las masas trabajadoras y populares, así como la manera de operar del modelo neoliberal que ha tenido el Estado chileno y sus gobiernos desde la década de los 80`, dando servicios precarios para los trabajadores y los pobres de la ciudad y el campo, al mismo tiempo que se ha preocupado de garantizar el negocio de la educación y la salud para los empresarios nacionales y trasnacionales.

Por otra parte en los sectores de la pequeña burguesía artesanal empobrecida, los pescadores artesanales han sido el sector mayormente afectado. La posibilidad de continuar con la temporada de pesca se ha liquidado y más de 3 mil pescadores artesanales han quedado en la ruina, en una situación que amenaza con llevarlos a la miseria y la desestructuración social.

Finalmente, es necesario resaltar que la principal clase estructural del país, el proletariado, los trabajadores y trabajadoras, son los fundamentalmente afectados. Arturo Martines, el Presidente de la CUT ha señalado que alrededor de 15 mil empleos se han perdido tras el terremoto. El caso más grabe esta en el sector de la industria forestal y de bebidas, Celulosa Arauco, Asmar y la CCU son las industrias más directamente dañadas. En la actualidad el 100% de la producción de celulosa del país, que representa el 10% de la producción mundial esta detenida y los expertos calculan que demoraría alrededor de 3 meses su puesta en funcionamiento al 100%. A esto hay que agregar que las regiones VI, VII y VIII son las regiones con mayores índices de cesantía y más complejas en cuanto a mercado laboral del país según el último informe de “Mercado de Trabajo” de Fiel y la Universidad Central para el año 2007.

Finalmente para dimensionar la catástrofe social que dejo el terremoto que costó la vida a unas 400 personas, están las cifras que costará al Estado chileno la reconstrucción que se estima durará 4 años; entre 30 y 40 mil millones de dólares entre un 15 y un 20% del PIB nacional.

Esta catástrofe social causada por el terremoto no es una necesaria consecuencia de la “fuerza de la naturaleza”, sino la necesaria consecuencia del modo de producción capitalista y su modelo neoliberal implantado por la dictadura de Pinochet, preservado y profundizado por los Gobiernos de la Concertación y que hoy se prepara implementar más dura y reaccionariamente el Gobierno de la Derecha con Piñera como Presidente de la República.

El terremoto consiguió que se desvaneciera materialmente la imagen ideológica que crearon los gobiernos de la Concertación, aquella imagen ideológica que presentaba al neoliberalismo como un sistema de oportunidades individuales para los individuos explotados y pobres de Chile. Los datos de miseria que arrojamos arriba dan cuenta de que no se trataba más que de una falsa imagen construida por los políticos de la Concertación y derecha, así como por las instituciones del Estado y los medios de comunicación de masas al servicio de la burguesía, principalmente la televisión abierta.

El remesón de 8.8 grados richter agrietó la fantasía del sueño neoliberal. Dejó entrever al Chile precario y superexplotado, al Chile semicolonial, que ha sido saqueado por los capitalistas nacionales y extranjeros, por sus sectores privados como por el Estado burgués. Aquel sector capitalista que aparece como directamente responsable de la miseria social actual en las regiones directamente afectadas, es el sector inmobiliario que se llenó los bolsillos gracias a la venta de departamentos y casa de baja calidad orientadas a un consumidor pobre y endeudado, usufructuando no solo de la ganancia efectiva de la venta, sino además de la especulación y los intereses sobre los sueldos miserables de los trabajadores, pobres y de las capas medias empobrecidas.

Que este sea el sector de capitalistas que se presenta más evidentemente anti obrero y popular en su forma de operar (hoy la gran mayoría de las empresas constructoras que tienen construcciones derrumbadas o con daños estructurales han vendido y se han disuelto como S.A.), no es casual, sino que es directamente consecuencia de la forma específica que tomó el neoliberalismo en los últimos diez años. Nos referimos a la burbuja inmobiliaria a nivel mundial. Durante los últimos 9 años la burbuja que caracterizó al neoliberalismo fue la de la industria de la vivienda, cumpliendo el rol de otorgar enormes ganancias a los capitalistas y resolver efímeramente la necesidad de techo de las masas trabajadoras y pobres del mundo, subsidiando la ideología neoliberal del “acenso social”, pero a costa de no realizar una acumulación orgánica de capital, es decir sin desarrollar concretamente el capital productivo. Es decir, ganancias y crecimiento, pero sin ningún sustento objetivo de la economía estructural a largo plazo. Las fallas estructurales de los edificios de Paz Froimovich son las fallas estructurales del capitalismo. La crisis económica mundial que estalló el 2007 reabrió dicha falla estructural, una pirámide invertida de especulación y ganancia sobre pies de barro, con débil acumulación. Una crisis del modelo neoliberal a nivel mundial, que en este momento pasa por un periodo de relativa estabilidad y no ha golpeado a Chile de manera catastrófica, pero que sin embargo, las consecuencias catastróficas del terremoto impactan, sin duda, en los ritmos nacionales de desgaste del modelo neoliberal desde un punto de vista económico, ejemplo clave es que las arcas fiscales tienen perdidas por 20% del PIB que no estaban previstas antes del terremoto o que es posible que se reabra la deuda externa con los préstamos del BID que bordearan los 500 millones de dólares. Esto deja mal parado al Estado y los capitalistas chilenos ante próximos embates.

Una respuesta reaccionaria de la clase empresarial nacional y extranjera

Desde el primer minuto de la catástrofe natural se hizo perceptible que lo que vendría sería una crisis social, no solo por el Chile precario, neoliberal, sino por como reaccionaron las instituciones burguesas. En primer lugar la ONEMI fue incapaz de decretar el estado de tsunami, en un claro gesto de incompetencia política y debilidad. Las paz de los de arriba antes que reconocer la miseria de los trabajadores y el pueblo. La misma Michelle Bachelet dijo el sábado 27 al realizar su viaje en helicóptero sobre las zonas afectadas que “la destrucción y la catástrofe es mucho más cruda que lo que pensaba”. En segundo lugar los medio de comunicación de masas, antidemocráticamente centralizados, monopolizados en manos del Grupo Edwards, COPESA, Grupo Claro – a nivel nacional – y Grupo Televisa y Grupo Cisneros de capitales extranjeros que oligopolisan más del 90% de los medios de comunicación radiales, escritos y visuales de Chile, fueron los encargados de transmitir una información matizada de sensacionalismo, de caridad burguesa, de defensa de los valores morales y éticos de la propiedad privada, argumentando descaradamente a favor de la intervención del ejército y criminalizando las acciones intempestivas de sectores de del pueblo que fueron a obtener alimentos y otros bienes a las grandes tiendas en circunstancias en que la “ayuda” del gobierno tardaba en llegar – en algunas zonas como Lota y Coronel la ayuda tardó prácticamente una semana - al tiempo que jugaron un rol central en las medidas de beneficio social surgidas de la burguesía en que destaca la Teletón del viernes y sábados de la primera semana post-terremoto.

Así llegamos en tercer lugar a la actitud descaradamente cínica del Gobierno de Michelle Bachelet y abiertamente derechista de la Alcaldesa de Concepción. El gobierno optó por negociar reaccionariamente con la derecha la salida a las calles de las FF.AA. en un claro ejemplo de “unidad” de los partidos al servicio de la burguesía – que luego, con el apoyo de los medios de comunicación, hicieron aparecer como de “unidad nacional”. Así, luego de dos días en que los medios de comunicación, Bachelet, Van Rysselberghe, el Ministro del Interior y la Policía de Carabineros de Chile, azuzaron la existencia de desordenes y saqueos, impartiendo el miedo en la población y especialmente en aquel sector aspiracional de las capas medias que se acomodaron en colchones de espuma con el neoliberalismo, decretaron Estado de Catástrofe en las regiones del Maule y el Bio-Bio con el objetivo de dejar el poder político y militar en esas zonas en manos de los militares y decretando toque de queda de 7 hrs – pero que llegó a durar 18 hrs diarias -, dando cuenta de que la “transición a la democracia” ya estaba concluida (los militares actuando ordenadamente al interior de una democracia capitalista) y que no es más que una democracia blindada en y en donde la Concertación y más aún la derecha son partes de un régimen hijo legítimo de la Dictadura de Pinochet. Así queda demostrado con el caso de los Infantes de Marina que han sido inculpados por la muerte de David Riquelme en Hualpén, quién fue muerto a golpes tras ser detenido durante el toque de queda la semana pasada, expresando la continuidad de los métodos antidemocráticos que son innatos a las FFAA., los empresarios y el gobierno.

En cuarto lugar el ya activo Gobierno de la Derecha abiertamente neoliberal que además de ser cómplice directo de los altos niveles de explotación que hoy sufren los trabajadores de Chile en todos sus puestos de trabajo, avanzó en decretar Estado de Catástrofe para la región de O`higgins el pasado jueves a menos de media hora de haber asumido el mando de la República. Finalmente, junto a la actividad de la clase dominante a nivel nacional está la ubicación del imperialismo norteamericano y sus instituciones, las donaciones de EE.UU. y del BID lejos de ser concesiones gratuitas a las masas, son préstamos que amenazan con revivir a deuda externa que Chile había aplacado en la década del 80`.

De manera concentrada la repuesta de la clase dominante chilena ante la crisis social abierta con posterioridad al terremoto, estuvo basada sobre todo en la unidad del bloque dominante, en la “unidad nacional” de la clase dominante y sus instituciones estatales. Esto es apreciable con claridad en que la decisión de sacar a las FF.AA. – una institución estatal que expresa más directamente el carácter opresor del sistema – no fue causa de disputas o fracturas entre los partidos políticos, ni entre los distintos sectores de la burguesía nacional e internacional. Lo que podría haberse transformado en un primer enfrentamiento político entre la saliente Concertación y la derecha fue, en vez, una decisión conjunta y unitaria. Así como lo fueron y siguen siendo las medidas de protección social entregadas por el Gobierno en colaboración con todos los medios de comunicación masivos y los empresarios.

El régimen político chileno, la democracia blindada, forma actual del Estado semicolonial, aunque puestos en una situación crítica e incluso ante una situación que cuestiona los pilares del régimen democrático imperante – pasando el poder a manos de los militares en tres regiones del país - , a sido defendido unitariamente por la “unidad de los de arriba”, de los empresarios y sus políticos, que a su vez ha conseguido cerrar el paso a las fuerzas creadoras de la clase trabajadora y las masas, poniéndolas como meras espectadoras de la actuación de las instituciones del Estado, los empresarios y sus partidos.

Sin embargo, la unidad del bloque dominante no es una situación supra-histórica, ni dependiente de la voluntad de unos y otros individuos, sino una expresión política de la realidad concreta de la estructura económica de la sociedad, en este caso del neoliberalismo. A este respecto, las consecuencias económicas y sociales del terremoto ciernen en el futuro (como lo expresan los datos que vertimos al comienzo) la imagen de un neoliberalismo chileno más debilitado, en el marco de su crisis internacional, y con un Estado mucho más débil para mantener e incluso dar las concesiones económicas que otorgó a las masas durante estos 20 años, y más débil aún para hacer frente a una agudización de la crisis económica internacional y sus impactos en el territorio nacional, no auguran buen futuro a la unidad de los empresarios.

La respuesta de la clase trabajadora y las masas. Del estallido a la perspectiva política de una respuesta con hegemonía de la clase trabajadora

El terremoto natural desde el primer momento se transformó en un terremoto social dejando al descubierto las contradicciones sociales y de clases del Chile capitalista semicolonial, precario y neoliberal. La división de su estructura social en una clase de los capitalistas que representa el 20% de la población y concentra más del 60% del total de los ingresos y el que incluso llega a percibir nada más que el 4,1% de los ingresos, de los cuales 6 millones de trabajadores y trabajadoras día a día son explotados para engrosar las ganancias de los privados y el Estado, pero terminan recibiendo sueldos de hambre con los que pueden optar solo al endeudamiento para adquirir artículos e inmuebles de baja calidad y precarios, tal como queda debelado con las 500 mil casas de trabajadores y pobladores que se vinieron abajo.

En estas condiciones, la incapacidad que tuvo el gobierno para responder a las necesidades básicas de la población afectada, fue la causante directa de la agudización rápida de la miseria social. Sin comida, luz, ni agua, tal como azuzaba Van Rysselberghe, esto podía terminar en un “estallido social” – que, dicho sea de paso, fue utilizado por la derecha para pedir el Estado de Catástrofe y el toque de queda -.

Así ocurrió, y en la región del Bio- Bio y el Maule durante la noche del Sábado 27 y el día Domingo 28, emergieron los saqueos a las multitiendas, retail, farmacias, carnicerías y gasolineras en determinados puntos de Concepción, así como un centro de salud en Hualpén, extendiéndose estos mismos episodios a Lota, Coronel, Talca, Constitución, e incluso a Santiago. Siendo el motivo de una dura represión de Carabineros, Investigaciones y FF.AA. que defendieron con fuego la propiedad privada de los empresarios contra el hambre y miseria de las masas que estalló en saqueos.

Se trató de formas embrionarias, espontáneas y poco organizadas, de lucha por la subsistencia, que dada su desorganización y carencia de una perspectiva política, se mezcló fácilmente con el accionar de sectores socialmente descompuestos que incluso asaltó viviendas populares y trabajadoras en Santiago y Concepción, entre otras ciudades.

Esta forma desorganizada y apolítica del estallido social, de los días posteriores al terremoto, expresa que el proceso de recomposición organizativa de los trabajadores que venimos viendo hace algunos años, todavía no terminan de pegar un salto cualitativo. Recordemos los hitos importantes como la conformación de sindicatos en lo sectores estratégicos de la economía nacional y a la vez de sus segmentos más precarizados como la Confederación Nacional de Trabajadores Forestales y la Confederación de Trabajadores del Cobre, el incremento de las luchas salariales y conflictos laborales, y el aumento lento de los niveles de sindicalización. Pero todo esto se ha mostrado aún un proceso que no termina de cristalizar, ya que la clase trabajadora no fue capaz de responder desde sus organismos tradicionales de organización, ni de algún otro modo, ante el agravamiento de la miseria propia y de los otros sectores del pueblo. Todavía no se ha recuperado un nivel orgánico de recomposición de las instituciones propias de la clase trabajadora, ni de sus organizaciones políticas.

Sin embargo, la misma catástrofe social es un hecho que presionó y sigue presionando para que la organización y conciencia de clase de los trabajadores pegue ese salto ante la crisis nacional y ante las necesidades que se avecinan; aumento de la represión, de la explotación, de los precios, restricción de créditos, incapacidad para pagar las deudas, 200 mil familias sin casa y otras 800 mil damnificadas, precarización de la salud y la educación, etc.

Pero esta es una necesidad y perspectiva posible, no es el curso inevitable de la historia. Hace falta un proceso práctico, político y social, de reemergencia de una clase trabajadora clasista y combativa.

Hasta el momento la clase trabajadora y el pueblo no tienen a su favor la ubicación unida y sólida que coyunturalmente mantiene la clase dominante. Pero el debilitamiento del modelo neoliberal es el prolegómeno de las fisuras de esa unidad reaccionaria, como también de las brechas por donde puedan irrumpir los explotados y oprimidos para tomar en sus manos el destino.

Hoy la ubicación de sus direcciones sindicales de la CUT y políticas como el PC, son una traba en este camino. Vienen colaborando con el Gobierno de Piñera al no convocar a una solidaridad obrera y popular para apalear la miseria agudizada por el terremoto. Esta por verse si esta ubicación persiste, pero por los recientes acuerdos CUT-CPC y CUT – Ministerio del Trabajo pareciera ser que en el corto plazo no habrá un cambio significativo de esta línea política de colaboración con el Gobierno.

En estas circunstancias, la clase trabajadora y el pueblo entrará en un período en que las mayores calamidades sociales y el desarrollo de las contradicciones económicas y políticas se agudizarán, ya que en la medida en que el modelo deje entrever contradicciones en todos los niveles, fracturará la unidad burguesa, reactivando posiblemente a sectores de la Concertación que buscarán una vez más posar como “falsos amigos del pueblo”, abriendo el paso a la emergencia de una nueva centro izquierda en la calles, agregando mayor fluidez al escenario político nacional.

Un escenario más complejo para la clase trabajadora y el pueblo será una prueba mayor en la que se irá preparando el terreno a nuevos fenómenos de lucha de clases. Ya sabemos cuál será la orientación de Piñera y su gabinete, intentar aislar a la clase trabajadora del resto de la sociedad, e incluso dividirla, así lo deja entrever su discurso dedicado de manera casi exclusiva a la “clase media” y los empresarios.

Del mismo modo en que se vuelve necesario un proceso de recomposición de la clase trabajadora y el pueblo pobre, de sus organizaciones, clasista e independientemente de toda variante patronal, desde la base misma de la fábrica para llenar de contenido las organizaciones sindicales, se hace necesario que los sectores de intelectuales y estudiantes que nos reivindicamos adversarios de la explotación y la opresión capitalista, pongamos nuestras fuerzas íntegras al servicio de esta perspectiva de la clase trabajadora. La conciencia de clase es un entretejido orgánico de la intelectualidad revolucionaria y la clase obrera que lucha y se organiza para enfrentar su miseria y explotación, y se sintetiza en un verdadero partido revolucionario de la clase. Los estudiantes e intelectuales que nos consideramos marxistas debemos combatir por una memoria revolucionaria de clase y una perspectiva política y social del mismo signo para la acción trastocadora del orden capitalista.

En la historia de Chile, su proletariado y su pueblo tienen lecciones que debemos transmitir y popularizar. Ante una crisis social enorme, de consecuencias similares a las que ha causado el terremoto, la clase trabajadora chilena, desde sus sindicatos y partidos, junto a los estudiantes, intelectuales pro-obreros y al pueblo pobre, fue la clase que respondió con plena independencia política y organizativa respecto de la burguesía a las crisis social colosal que produjo la Primera Guerra Mundial en Chile entre 1918 y 1920. Durante esos años se detuvo la industria del Salitre, la principal industria nacional de exportación, debido a la invención del salitre sintético, sumado a la recesión internacional que produjo la destrucción en la Guerra.

Esa experiencia enorme de la clase trabajadora y el pueblo pobre fue la Asamblea Obrera de Alimentación Nacional (AOAN) fundada en 1918, para responder al hambre producida por la inflación y la situación de cesantía extendida a nivel nacional, en un momento en que la clase trabajadora venía siendo sistemática en la creación de organizaciones y procesos huelguísticos desde principios del siglo XX. En esos años la clase dominante únicamente respondía a las demandas obreras y populares con pólvora y medidas antidemocráticas al tiempo que era incapaz de dar una respuesta unitaria debido a la crisis del régimen parlamentario y del modelo económico concentrado en la exportación del salitre. Entonces y agrupando de manera unitaria a todas sus organizaciones sindicales y políticas, la clase trabajadora levantó la AOAN y dio una respuesta nacional y con hegemonía de clase poniendo en marcha la solidaridad obrera y popular ante las miserias de la crisis y catástrofe capitalistas. La misma capacidad de respuesta que se expresó en la conformación de los Cordones Industriales ante el look out patronal y los preparativos del Golpe Militar durante el gobierno de la UP, expresando la capacidad de responder clasista y combativamente a las necesidades propias y de los oprimidos.

Hoy es necesario comenzar a reconstruir esta perspectiva clasista que ha heredado la clase trabajadora. Es necesario que los trabajadores levanten y desarrollen una Ayuda Obrera y Popular para garantizar la satisfacción de sus necesidades. Una organización unificada para luchar contra la miseria capitalista que dejó entrever y agudizó el terremoto. El Gobierno de Piñera y la unidad burguesa ante semejante crisis social de consecuencias económicas grabes, no podrán mantenerse por siempre, el mismo declive del neoliberalismo abrirá las brechas por donde podrá irrumpir la organización y lucha de los explotados y oprimidos. Debemos buscar fortalecer la independencia de clase y la unidad de las filas de los trabajadores, así como la capacidad de estos para dirigir al conjunto de la nación explotada y oprimida para responder a sus necesidades.

Para avanzar en este camino la CUT, la ANEF, la FTC, el Colegio de Profesores, la Fenats, la FMCH, los sindicatos de la salud, de la alimentación y la construcción, todos los grandes sindicatos del país y los sindicatos por empresa, junto a las federaciones estudiantiles como la FECH, deben poner en marcha los pasos para conformar una coordinación obrera para responder a la crisis nacional con la ayuda obrera y popular. Del mismo modo es necesario que estas organizaciones de clase y sociales, junto a los intelectuales de izquierda, repudiemos todas las medidas que restringen las libertades democráticas que consiguieron los trabajadores, los estudiantes y los pobladores de este país enfrentando a la dictadura.

Desde el GHM consideramos que todo esto debe ir necesariamente de la mano de la pelea cotidiana por reconstruir una intelectualidad marxista militante de la clase obrera, de la perspectiva de la revolución obrera y socialista, así como de la construcción de un partido de la revolución obrera y socialista que sea la herramienta política de los trabajadores en esa enorme lucha por la revolución social, por acabar con la barbarie, explotación y miseria a que nos condena el capitalismo.

Recuperemos para la práctica la experiencia clasista y combativa de la historia clase obrera

Por una ayuda obrera y popular para responder a la miseria social de las masas trabajadores y pobres

Fuera las tropas militares de las calles

Abajo el toque de queda y el Estado de Excepción