
16 de Marzo, Medio Oriente y Africa: Artículos de Intelectuales, Analístas y Organizaciones Políticas
Fecha: 16/03/11
Presentación:
Los Artículos que presentamos a continuación han sido extraídos de diversos sitios de internet y colocados en nuestra web para concentrarlos y ayudar a quienes están profundizando su análisis respecto del proceso revolucionario abierto en Túnez y en Egipto.
Estos Artículos no representan necesariamente el pensamiento del Grupo de Historia Marxista. Nuestra primera declaración puede ser leída en este link: http://www.historiamarxista.cl/node/113
Grupo de Historia Marxista
1 de Febrero de 2011.
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Apoyando a Kadafi no se lucha contra el imperialismo
Fuente: FT-CI
Autor: Facundo Aguirre
Fecha: Jueves 10 de marzo de 2011
Frente a la emergencia del proceso revolucionario árabe y la guerra civil de fracciones en Libia, Fidel Castro y Hugo Chávez se han apresurado a respaldar a Muammar Kadafi quien lleva adelante una masacre contrarrevolucionaria contra su propio pueblo (para lo cual, como el mismo Fidel reconoce, usa las armas obtenidas de EE.UU. y Gran Bretaña). El argumento del líder cubano -que ha variado de decir que se trataba de un complot imperialista contra un líder revolucionario a reconocer que Kadafi ya no es lo que era y que posiblemente esté masacrando a su pueblo- es que el imperialismo busca ocupar Libia para quedarse con su petróleo y tener una base de apoyo contra la revolución árabe (ver todos los artículos de Fidel Castro en http://www.cubadebate.cu/categoria/...). Castro sostiene junto a Chávez al régimen libio y en su rescate asume como propia la línea de una salida negociada: “El presidente bolivariano, Hugo Chávez, realiza un valiente esfuerzo por buscar una solución sin la intervención de la OTAN en Libia. Sus posibilidades de alcanzar el objetivo se incrementarían si lograra la proeza de crear un amplio movimiento de opinión”. http://www.cubadebate.cu/reflexione...).
La amenaza de intervención imperialista tiene que ser sin duda enfrentada por los luchadores obreros, populares y antiimperialistas de todo el mundo no sólo porque implicaría la violación de la soberanía libia sino porque es una amenaza directa contra el conjunto del proceso revolucionario árabe. Pero el castro-chavismo lo usa como excusa para ubicarse en el terreno de los que buscan liquidar las insurrecciones de masas.
Kadafi más cerca Luis XVI y Batista que de Lumumba
Fidel Castro reconoce que “la revolución en el mundo árabe, que tanto temen Estados Unidos y la OTAN, es la de los que carecen de todos los derechos frente a los que ostentan todos los privilegios, llamada, por tanto, a ser más profunda que la que en 1789 se desató en Europa con la toma de la Bastilla” (http://www.cubadebate.cu/reflexione...). Lo que Castro no señala es que si el norte de África vive su 1789, Kadafi está más cerca de Luis XVI o -para tomar un ejemplo caro al pueblo cubano- de Fulgencio Batista, que del líder independentista africano Patrice Lumumba. Apoyando a Kadafi, Castro toma partido de los que “ostentan todos los privilegios” contra la emergencia de los que “ carecen de todos los derechos”.
Castro y Chávez sostienen que para enfrentar las pretensiones imperiales hay que apoyar a una dictadura sangrienta que en las últimas dos décadas ha estrechado lazos con los distintos imperialismos y el capital extranjero. En el campo de la oposición a la dictadura se erige el Consejo Nacional de Transición que se arroga la dirección del movimiento y que está compuesto por todo tipo de fuerzas reaccionarias, desde ex funcionarios y miembros del régimen kadafista, pasando por nasseristas, hasta jihadistas islámicos. Un sector del Consejo pide la intervención militar de la OTAN mediante una zona de exclusión aérea y bombardeos selectivos. La guerra civil entre fracciones es el estadio actual de la revolución libia. La política de las direcciones reaccionarias consiste en evitar una revolución social que liquide todos los privilegios de clase que los capitalistas libios y extranjeros -propietarios de las petroleras- gozan impunemente bajo el régimen de Kadafi. La actitud del imperialismo es la de fortalecer al ala de los caídos del régimen dispuesta a negociar con Estados Unidos antes de dejar en manos de los jihadistas la dirección del movimiento o peor aún permitir su radicalización bajo líneas de clase y laicas. Es una forma de enfrentar el desarrollo del proceso revolucionario en todo el norte de África.
Por otra parte el llamado a una salida negociada que hacen Chávez y Castro, línea similar a la que levantan Rusia y China para el conflicto Libio, busca rescatar a la dictadura y reconocería objetivamente a la fracción proimperialista del bando opositor.
Copamiento imperialista
La política de Fidel Castro y Chávez compromete la lucha contra el imperialismo al apoyo a un dictador y regala al imperialismo las banderas democráticas del “1789” norteafricano. De esta forma permite que fructifique el operativo de copamiento del proceso revolucionario que pretende EE.UU.
Que el imperialismo quiera montarse en una revolución para defender sus propios intereses es una cuestión tan vieja como las mismas revoluciones. En América Latina eso lo conocemos. Durante la guerra civil del bando constitucionalista de la revolución mexicana (1914-1916) el presidente norteamericano Woodrow Wilson permitía el armamento de las tropas del general Francisco Villa porque lo consideraba el único capaz de mantener la unidad del país. Se equivocó y tiempo después, en 1916, tuvo que intervenir militarmente en México contra Villa que había atacado la ciudad de Columbus. Castro también olvida que antes de la toma del poder por el M26 en Cuba los medios imperialistas saludaban a los barbudos de Sierra Maestra como héroes de la libertad en lucha contra Fulgencio Batista (¿los castristas de hoy nos hubieran propuesto apoyar a Batista contra los agentes del imperialismo?). Ni que hablar que los fusiles originales del Granma fueron comprados en EE.UU. bajo la vista gorda de la CIA.
Salvando las distancias ya que ni las fuerzas de la oposición en Libia son Pancho Villa ni el M26, la analogía histórica sirve para demostrar que el imperialismo no sólo actúa contra las revoluciones propiciando golpes contrarrevolucionarios sino intentando copar sus direcciones.
El éxito del copamiento de una revolución por el imperialismo depende de la radicalidad del movimiento social que la engendra y de su dirección política. La posición de los revolucionarios es opuesta a la del castro-chavismo de apoyar a los verdugos del pueblo libio. Es la de luchar contra la injerencia imperialista y sus agentes en las filas del campo opositor. Para derrotar las pretensiones norteamericanas luchamos por elevar al movimiento revolucionario árabe a una auténtica lucha antiimperialista que no sólo rechace la intervención militar de la OTAN, sino también que proclame su compromiso con la victoria del movimiento nacional palestino contra el Estado de Israel.
Kadafi desmiente a Fidel
La revolución verde del kadafismo -que fue apoyada desde los orígenes por el castrismo- al igual que todos los movimientos del nacionalismo panárabe, no liquidó ni la estructura tribal de Libia, ni el sometimiento nacional al capital extranjero, ni significó un cambio en las relaciones de propiedad a favor del pueblo pobre y trabajador. La jamahariya no resultó en una república de las masas, ni mucho menos implicó conquistas democráticas. El régimen de Kadafi terminó en una dictadura capitalista corrupta y nepotista firmemente aliada al capital extranjero y los imperialismos europeos.
La argumentación castro-chavista rescata a una figura que ha declarado abiertamente que él lleva adelante las causas del imperialismo. Es el propio Kadafi quien no se cansa de decir que él está librando una guerra contra el terrorismo de Al Qaeda, en la mejor línea de la lucha contra el mal de Bush. Quien se compara con Israel -verdugo del movimiento nacional palestino- bombardeando Gaza. Quien advierte en un tono racista que nada tiene que envidiarle a su amigo Berlusconi que su caída provocaría una invasión de “negros” en Europa.
Una divisoria de aguas
La posición castro-chavista abrió una enorme fisura en el bloque intelectual de apoyo al castrismo y el chavismo. Exponentes de estas corrientes han salido a pedir una rectificación del apoyo a Kadafi o directamente negado los dichos de Chávez y Fidel para evitar atacarlos frontalmente. Para el castrismo el apoyo a la contrarrevolución kadafista es similar al apoyo que dio al aplastamiento de la Primavera de Praga en Checoslovaquia en 1968 por el Kremlin. Lo deja enfrentado a un sector de la comunidad intelectual que mira con simpatía el proceso revolucionario árabe. Al regalar las banderas de la democracia al imperialismo y comprometerse en el apoyo a una dictadura fortalece a los críticos por derecha del Estado cubano. En la izquierda latinoamericana la posición castro-chavista plantea un balance y una divisoria de aguas. No hay lugar para la conciliación. Defender la posición de Castro y Chávez es estar contra las masas árabes insurrectas. Hay que pronunciarse claramente no sólo contra la intervención imperialista, sino también a favor del derrocamiento revolucionario de Kadafi. Esa es la única vía para derrotar al imperialismo y radicalizar política y socialmente la revolución árabe, para transformarlas en revoluciones obreras y socialistas que liquiden la dominación burguesa e imperialista.
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La monarquía saudí intenta adelantarse a las protestas
Fuente: FT-CI
Autor: Celeste Murillo
Fecha: Jueves 24 de febrero de 2011
El rey Abdullah de Arabia Saudita anunció ayer 23/2 que aumentará el gasto social a 260 millones de dólares, creará nuevos puestos de trabajo e invertirá 10.700 millones en construcción de viviendas, al tiempo que dará un aumento a los empleados del Estado. Así intenta evitar que lleguen los vientos de protesta a su país.
La monarquía saudí, de origen sunita, busca especialmente evitar que lleguen las protestas chiitas desde su vecino Bahréin, donde su población mayoritariamente chiita (70%) mantiene las movilizaciones desde el 14 de febrero y exige mayores libertades y mejores condiciones de vida. En Bahréin, luego de la represión de las marchas contra el régimen de Al- Khalifa, 100.000 marcharon el 22/2 y el régimen, en pos de atenuar las protestas, liberó a más de 300 presos políticos para acelerar una negociación con los partidos de oposición, encabezdos por le principal partido chiita, Wefaq.
Arabia Saudita teme que la mayoría chiita se fortalezca y conquiste mayor participación política (hoy cercenada por las leyes electorales que desfavorecen ampliamente a los partidos chiitas).
Hasta ahora, el régimen que gobierna Arabia Saudita ha esquivado las protestas. Sin embargo, con la agudización de la rebelión en Libia (donde la mitad del país está en manos de los opositores a Kadafi) el régimen teme que el efecto contagio llegue a sus fronteras.
Por ahora, solo se conoce una convocatoria menor para el 11/3 por reformas democráticas. Sin embargo, el principal temor de la monarquía es que los trabajadores de los pozos petroleros de la región este (lindante con Bahréin), mayoritariamente chiitas, empiecen a movilizarse, alentados por el descontento regional. Muestra de este ánimo es la protesta de trabajadores de la construcción (muchos de ellos extranjeros) por las malas condiciones laborales, los bajos salarios y las arbitrariedades patronales.
Desde la caída de Hosni Mubarak en Egipto, Arabia Saudita es un aliado clave que le queda a Estados Unidos en una región fuertemente conmocionada por las protestas y rebeliones.
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TÚNEZ, LA REBELIÓN EXITOSA
AUTOR: El Alaoui Hincham Ben Abdallah
FUENTE: Le Monde diplomatique - edición chilena
Los tunecinos derribaron un régimen despótico que había virado a la cleptocracia –un sistema basado en el robo y la corrupción– y también a una autocracia represiva. El poder estaba encarnado en una familia que saqueaba a la sociedad. La inmolación de un joven bachiller desesperado que vendía frutas y verduras en su carro ambulante disparó una revuelta que pudo con uno de los regímenes más represivos del mundo árabe. Sin embargo, en la región no faltan las dictaduras.
Este heroico levantamiento de un gran pueblo vale como ejemplo. Imprevisible, sin real liderazgo político, la rebelión se benefició de su carácter no estructurado. De haberlo tenido, es probable que el régimen la hubiera aplastado. Unidos por la única lógica del “hastío” contra la autocracia de Zine el-Abidine Ben Ali, los insurgentes estuvieron conectados vía internet, un tipo de comunicación que el régimen no había sabido anticipar (a pesar de las enseñanzas del Movimiento Verde en Irán, reprimido en 2009 por la teocracia en el poder). En menos de un mes, la rebelión logró derrocar una dictadura que, durante casi un cuarto de siglo, hizo de Túnez uno de los países más cerrados de África del Norte y de Medio Oriente.
Las ventajas de tal levantamiento constituyen en adelante su principal debilidad: ausencia de líder, de programa político o de capacidad para hacerse cargo de la sociedad tras el derrocamiento del odiado Presidente.
El país, que cuenta con una de las poblaciones más educadas y mejor secularizadas del mundo árabe, hasta ahora supo evitar cualquier preeminencia de los islamistas radicales. Lo que se perfila no parece proporcionarles la ocasión de tomar el poder mediante la violencia. En consecuencia, si una parte de los islamistas, como la Nahda (1) acepta el juego democrático, convendría integrarlos en el sistema político, para marginalizar mejor a los islamistas radicales.
El sentimiento de incertidumbre, palpable tras la caída y la huida de Ben Ali, se origina en la ausencia de una elite política autónoma capaz de asegurar el relevo del poder y la transición hacia un régimen democrático; entonces, sólo subsisten la elite del régimen derrocado, partidos políticos embrionarios y sindicatos obreros descabezados. De prevalecer el temor al caos, la confianza en la capacidad autogestionaria de la sociedad y el realismo político, podrían emerger estructuras políticas. La juventud será el sostén de una sociedad en búsqueda de democracia, que supo salir de la dictadura sin sufrir irreparables pérdidas humanas.
Trampas para el cambio
Al aproximarse la primera elección fundadora, ¿los nuevos dirigentes contarán, una vez más, con el miedo del islamismo por hacer que los gobiernos occidentales acepten un cuestionamiento de la soberanía popular? La calle en movimiento causa temor a los nuevos tenedores del poder. Preocupados por evitar violentos desbordes, al menos tanto como por preservar una parte del poder del Presidente derrocado, el régimen de transición podría pretender preservar un determinado statu quo. Al organizar elecciones en un plazo cercano, se corre el riesgo de aumentar el peso de las elites deslegitimadas, que se reagruparían para usurpar la etiqueta de la renovación.
El esquema es clásico. Se lo observó a principios de la década de 1990 en Bulgaria y en Rumania, donde el antiguo régimen operaba la conjunción con las elites anteriores para resucitar bajo una nueva apariencia. El caso de Ucrania es todavía más claro: la ruptura es más fundamental (ya que aparece un nuevo Estado), pero los viejos cuadros políticos regresaron en cuanto los disturbios se calmaron.
El hilo de Ariana que une todas esas situaciones es que el pueblo se moviliza contra las odiadas autoridades, y su caída calma de inmediato la presión popular. He aquí el problema central que dificulta cualquier transición allí donde existe una sociedad civil poco organizada. Sin embargo, el levantamiento de enero en Túnez alimenta la esperanza de otras poblaciones árabes. Tanto en Argelia como en Egipto, Jordania, Marruecos, Siria e incluso en Palestina, la experiencia de la emancipación es contagiosa.
Un poco en todas partes, las nuevas generaciones, cansadas de los sistemas autoritarios, se desesperan por liberarse. Pero, precisamente porque era imprevisible, la experiencia tunecina no podría reproducirse de forma idéntica en el resto del mundo árabe. En Túnez, el ejército estaba relativamente separado de los servicios de inteligencia y de represión –incluida la policía–. A menudo mal pagados, a excepción de la guardia presidencial, estos servicios sabían actuar en revueltas circunscritas, cortando de raíz los actos de insumisión. Pero ignoraban cómo acabar con revueltas poco organizadas y extendidas a numerosos estratos.
Diferente de Argelia, donde la dictadura es colegial –y no concentrada en manos de una única persona–, pero similar a Egipto, donde el Raïs focaliza los odios y los rencores, la dictadura tunecina ofrecía un blanco fácil a la vindicta popular. La implicación de la casi totalidad de la familia Ben Ali en el secuestro del país acentuaba aún más el fenómeno. Las dictaduras difusas son más difíciles de desalojar que las que ofrecen un rostro preciso al resentimiento popular, como con el Sha de Irán o Suharto en Indonesia, por no citar más que ejemplos notorios. Por otra parte, las coaliciones oligárquicas disponen de una base más amplia que las dictaduras personalizadas: por lo tanto, son menos frágiles.
Los sistemas autoritarios resultan tanto más resistentes cuanto que conceden una parte del poder al pueblo y, sobre todo, a distintos grupos de intereses. Comparados con Túnez, los poderes marroquí y argelino dieron nacimiento a redes de intereses mucho más extensas y más complejas, con las que se los vinculan. En el caso de Argelia, los ingresos petroleros aglomeran un cuerpo político directamente interesado en mantener el régimen.
Diferencias regionales
El sistema tunecino también tenía la particularidad de transformar las consultas electorales en plebiscitos fúnebres (99,27% de votos en 1989, 99,91% en 1994, 99,45% en 1999, 94,49% en 2004, 89,62% en 2009), que dejaban sin salida a la oposición. Hablando con propiedad, la escena política era inexistente. No es el caso de Egipto, donde el sistema electoral, indudablemente sujeto a un fraude masivo, sin embargo sigue siendo un lugar de polémica y confrontación. Por otra parte, la prensa no está tan amordazada como en Túnez.
Tampoco en Argelia, donde por lo demás el ingreso petrolero permite sortear una radicalización de la cólera popular, al menos mientras la jerarquía militar permanezca a la vez unida, poco visible en la escena política y capaz de integrar –sometiéndola– a una parte de los actores políticos que aceptan el juego de la cooptación. Por otra parte, la salida de una guerra civil de más de una década ha dejado a Argelia exangüe y poco dispuesta a levantarse contra un régimen que triunfó sobre el islamismo radical al precio de unos cien mil muertos. Queda Marruecos, donde hasta ahora el rencor popular no apuntó a la monarquía. Pero una juventud frustrada por la ausencia de perspectivas, un juego político bloqueado, un aparato securitario coercitivo y aplastantes redes clientelistas pueden encontrar motivo para una rebelión. Rebelión que correría el riesgo de radicalizarse, habida cuenta de la complejidad del país. En efecto, allí las divisiones étnicas son al mismo tiempo más numerosas y más profundas, con un proceso de homogeneización menos avanzado.
En todos esos países, un modelo de desarrollo poco dinámico y profundamente desigual, marcado por el clientelismo en el aparato estatal, un fuerte control de la población y la ausencia de apertura de la escena política hacen que los regímenes sean a menudo “fuertes” a expensas de la debilidad de su sociedad civil. Pero basta que se revele el menor defecto en su coraza para que una parte de la contestación se precipite por la brecha y amenace con el desmoronamiento.
En el caso de Túnez, es precisamente el carácter carcomido de un régimen acorralado e ilegítimo lo que cristalizó la revuelta popular. ¿Un fruto maduro a punto de caer? Sin embargo, el poder de Ben Ali pasaba por ser uno de los más sólidos y estables de la región. La falla era invisible y lo que iba a suceder, impensable. Los otros regímenes no son tan frágiles, y no en los mismos niveles. No obstante, su longevidad los convierte en fácil presa de movimientos que de momento son difíciles de imaginar, pero que, a posteriori, parecerán tan ineluctables como el que puso de rodillas al régimen tunecino. La facilidad con la que la dictadura de Ben Ali sucumbió al asalto de los jóvenes testimonia la incapacidad de los aparatos de represión de acabar con los movimientos surgidos de ninguna parte, fulgurantes.
Las disparidades de desarrollo entre las diferentes regiones del país favorecieron la revuelta tunecina. Aunque se realizaron importantes inversiones en las zonas costeras con el fin de alentar el turismo, las regiones del interior fueron abandonadas a su suerte.
La explosión dormida
Precisamente de allí surgió el movimiento que arrastró al régimen. Es cierto que en otros países árabes también existe esta disparidad, pero adopta otra forma. En efecto, una sociedad donde un grupo muy restringido e ilegítimo acapara el sistema político no podría desarrollarse con racionalidad, sin la autonomía de una tecnocracia que actúa a la manera del modelo chino. Y la mayoría de los países árabes sacrifican su tecnocracia en el altar de la corrupción y del autoritarismo. “Trabendistas” (contrabandistas en el mercado negro) y jóvenes angustiados, a menudo diplomados, pueblan las calles donde se los ve apoyados contra la pared: ¿“hittistas” (2) prontos a abrazar el islamismo o, simplemente, víctimas de un sistema que les da muy pocas oportunidades de vivir dignamente? Su desaliento puede expresarse como en Egipto o Argelia (pero, al no provocar cambios, termina por morir lentamente). O como un estado de resentimiento contenido (como en Jordania y Marruecos). A menudo sin percatarse, los regímenes fundan su estabilidad en la apatía de una sociedad que no logra ni siquiera rebelarse. El día en que explota la cólera, lo hace de la manera más ciega y violenta.
En tanto que el desaliento de los jóvenes no llega a involucrarse en un hecho que puede hacer estallar el polvorín, esos regímenes siguen indemnes. Pero la menor publicación en “informaciones generales” de la inmolación de un joven, puede bastar para que toda la sociedad se encolumne detrás de la revuelta, al principio local y regional, y que el régimen se derrumbe en la vergüenza, a una velocidad que desafía el entendimiento.
La influencia del movimiento tunecino sobre el resto del mundo árabe dependerá de su capacidad de democratizar el país. Si la democracia se organiza, probablemente se asistirá a su difusión, en especial en el Magreb. Las reivindicaciones populares se acentuarán, para terminar exigiendo pluralismo y participación. Si fracasa, los regímenes autoritarios se verán afianzados, con gran pesar de las poblaciones: sin duda la mayoría de los regímenes árabes prefieren la segunda opción, incluso si provoca el caos.
Se pueden imaginar dos argumentos: que los regímenes árabes escuchen las reivindicaciones de sus pueblos y comiencen a abrirse políticamente, o que intenten a cualquier precio preservar su poder sin ceder a las demandas de participación política de los ciudadanos.
En la primera eventualidad, el camino estará sembrado de zancadillas. En efecto, tras varias décadas de encierro y represión, los regímenes árabes deben abrirse gradualmente para evitar un choque frontal que podría conducir a su derrocamiento. Teniendo en cuenta la frustración de la población, su apertura democrática tendría que ser lo bastante franca como para que no sea percibida como un engaño, y lo bastante progresiva para no hacer tambalear el sistema político en las tormentas revolucionarias. Ahora bien, el cambio gradual sólo podría llevarse a cabo con habilidad y el concurso de una elite política que no sacrificase ni la estabilidad ni la urgencia de la democratización.
Se observa con escepticismo la capacidad de los regímenes instalados para apelar a esa elite y darle el suficiente poder para que cumpla su misión de apertura. Queda la solución del encierro político. Advertidos por lo sucedido en Túnez, los regímenes autoritarios árabes intentan neutralizar las causas inmediatas de la rebelión, en especial luchando contra la escasez de alimentos de primera necesidad (pan, azúcar, carne, huevos, etc.). Luego dedicándose a aumentar la eficacia de sus servicios de seguridad e inteligencia.
El ejemplo tunecino muestra que se produjo una falla en el sistema de comunicación, dado que internet sirvió de refugio a los opositores, que se contactaban vía You Tube, Twitter, Facebook, etc. El sistema represivo tunecino también sufrió de falta de cooperación entre sus distintos niveles (policía, informadores generales y ejército). Inspirándose entonces en el modelo iraní para aplastar los movimientos sociales, los regímenes árabes aprenden a filtrar internet y censurarlo de ser necesario. En casos extremos, expulsan o confinan a los periodistas extranjeros. Según el modelo de Bassidje (3) en Irán, intentan ahogar las revueltas urbanas cuadriculando los diferentes barrios y estableciendo en ellos cabezas de puente susceptibles de intervenir localmente. En suma, en ese caso se asistiría a una “modernización” y a una “extensión” de los servicios de represión.
Pero tales remedios no inmunizan contra los nuevos tipos de acción colectiva que puedan inventar los próximos movimientos sociales. Las soluciones represivas sólo servirán, en el mejor de los casos, en el corto plazo. Si bien el Movimiento Verde iraní gozó de una gran simpatía en Occidente, no sucedió lo mismo con el levantamiento tunecino. Incluso provocó reacciones a primera vista totalmente inapropiadas. En especial en Francia, país que se mantuvo fiel a la dictadura de Ben Ali hasta el fin. Las otras capitales occidentales, entre ellas Washington, apoyaron a los rebeldes con desgano. Digamos que Occidente no muestra entusiasmo por la democracia en el mundo árabe, a pesar de una retórica algo apasionada. El movimiento tunecino podría brindar la ocasión de cambiar de comportamiento, en particular en París.
Por el contrario, en el mundo árabe –que percibe la colusión con las dictaduras como la continuación de la colonización y el imperialismo por otras vías–, el apoyo a la democratización se percibe como prenda de respeto para sociedades que reprimen regímenes ilegítimos. Si por temor al islamismo radical o por interés, Occidente se obstina en negar ayuda a este tipo de movimiento democrático, al menos podría mantener una neutralidad benévola.
NOTAS:
1 Movimiento de renacimiento cultural y político que apareció a fines del siglo XIX. Mezcla voluntad de reformar el islam y transformar la sociedad. Leer Anna-Laure Dupont, “Nahda, la renaissance arabe”, Manière de voir nº 106, agosto-septiembre 2009.
2 Hittista (de hitt, muro en árabe): desocupado que pasa todo el día apoyado en la pared.
3 Los jóvenes voluntarios del ejército de pasdaranes (cuerpo de guardianes de la revolución islámica).
Traducción: Teresa Garufi
FIN
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ENTREVISTA CON HOSSAM EL-HAMALAWY, PERIODISTA Y BLOGUERO EGIPCIO
FUENTE: Aljazeera
AUTOR: Mark LeVine
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens y revisado por Caty R.
Hossam el-Hamalawy es un periodista y bloguero del sitio 3arabawy. Mark LeVine, profesor de la Universidad de California Irvine, logró contactar con Hossam a través de Skype para conseguir un informe de primera mano sobre los eventos que se desarrollan en Egipto.
Hossam el-Hamalawy
¿Por qué fue necesaria una revolución en Túnez para sacar a los egipcios a las calles en cantidades sin precedentes?
En Egipto decimos que Túnez fue más un catalizador que un instigador, porque las condiciones objetivas para un levantamiento existían en Egipto y durante los últimos años la revuelta estaba en el aire. Por cierto, ya logramos tener dos mini-intifadas o “mini-Túnez” en 2008. La primera fue un levantamiento en abril de 2008 en Mahalla, seguida por otro en Borollos, en el norte del país.
Las revoluciones no surgen de la nada. No tenemos mecánicamente una mañana en Egipto porque ayer hubo una en Túnez. No es posible aislar estas protestas de los cuatro últimos años de huelgas de trabajadores en Egipto o de eventos internacionales como la intifada al-Aqsa y la invasión de Iraq por EE.UU. El estallido de la intifada al-Aqsa fue especialmente importante porque en los años ochenta y noventa el activismo en las calles había sido efectivamente impedido por el gobierno como parte de la lucha contra insurgentes islamistas. Sólo siguió existiendo en los campus universitarios o las centrales de los partidos. Pero cuando estalló la intifada del año 2000 y al Jazeera comenzó a transmitir imágenes de ella, inspiró a nuestra juventud a tomar las calles, de la misma manera quehoy nos inspira Túnez.
¿Cómo se desarrollan las protestas?
Es demasiado temprano para decir cómo se desarrollarán. Es un milagro que continuaran ayer después de medianoche a pesar del miedo y la represión. Pero habiéndolo dicho, la situación ha llegado a un nivel en el que todos están hartos, seriamente hartos. E incluso si las fuerzas de seguridad logran aplastar hoy las protestas no podrán aplastar las que sucedan la próxima semana, o el próximo mes o más adelante durante este año. Definitivamente hay un cambio en el grado de valentía de la gente. Al Estado le ayudó la excusa de combatir el terrorismo en los años noventa para acabar con todo tipo de disenso en el país, un truco utilizado por todos los gobiernos, incluido EE.UU. Pero una vez que la oposición formal a un régimen pasa de las armas a protestas masivas, es muy difícil enfrentar un disenso semejante. Se puede planificar la liquidación de un grupo de terroristas que combate en los cañaverales, ¿pero qué van a hacer ante miles de manifestantes en las calles? No pueden matarlos a todos. Ni siquiera pueden garantizar que los soldados lo hagan, que disparen contra los pobres.
¿Cuál es la relación entre eventos regionales y locales en este país?
Hay que comprender que lo regional es local en este país. En el año 2000 las protestas no comenzaron como protestas contra el régimen sino más bien contra Israel y en apoyo de los palestinos. Lo mismo ocurrió con la invasión estadounidense de Iraq tres años después. Pero una vez que sales a las calles y te enfrentas a la violencia del régimen uno comienza a hacer preguntas: ¿Por qué envía soldados Mubarak para enfrentar a manifestantes en lugar de enfrentar a Israel? ¿Por qué exporta cemento a Israel para que lo utilice para construir asentamientos en lugar de ayudar a los palestinos? ¿Por qué la policía es tan brutal con nosotros cuando sólo tratamos de expresar nuestra solidaridad con los palestinos de manera pacífica? Y así los problemas regionales como Israel e Iraq pasaron a ser temas locales. Y en pocos instantes, los mismos manifestantes que coreaban consignas pro palestinas comenzaron a hacerlo contra Mubarak. El momento decisivo específico en términos de protestas fue 2004, cuando el disenso se volvió interior.
En Túnez los sindicatos jugaron un papel crucial en la revolución, ya que su amplia y disciplinada membresía aseguró que las protestas no pudieran aplastarse facilmente y las confirió una organización.
¿Cuál es el papel del movimiento de los trabajadores en Egipto en el actual levantamiento?
El movimiento sindical egipcio fue bastante atacado en los años ochenta y noventa por la policía, que utilizó munición de guerra contra huelguistas pacíficos en 1989 durante huelgas en las plantas siderúrgicas y en 1994 en las huelgas de las fábricas textiles. Pero desde diciembre de 2006 nuestro país vive continuamente las mayores y más sostenidas olas de acciones huelguísticas desde 1946, detonadas por huelgas en la industria textil en la ciudad de Mahalla en el Delta del Nilo, centro de la mayor fuerza laboral en Medio Oriente con más de 28.000 trabajadores. Comenzó por temas laborales pero se extendió a todos los sectores de la sociedad con la excepción de la policía y las fuerzas armadas.
Como resultado de esas huelgas hemos logrado obtener 2 sindicatos independientes, los primeros de su clase desde 1957, el de los cobradores de contribuciones de bienes raíces, que incluye a más de 40.000 empleados públicos y el de los técnicos de la salud, más de 30.000 de los cuales lanzaron un sindicato el pasado mes fuera de los sindicatos controlados por el Estado.
Pero es verdad que hay una diferencia importante entre nosotros y Túnez, y es que aunque era una dictadura, Túnez tenía una federación sindical semiindependiente. Incluso si la dirigencia colaboraba con el régimen, los miembros eran sindicalistas militantes. De manera que cuando llegó la hora de huelgas generales, los sindicatos pudieron sumarse. Pero aquí en Egipto tenemos un vacío que esperamos llenar pronto. A los sindicalistas independientes ya los han sometido a cazas de brujas desde que trataron de establecerse; ya hay procesos iniciados contra ellos por los sindicatos estatales y respaldados por el Estado, pero se siguen fortaleciendo a pesar de los continuos intentos de silenciarlos.
Por cierto, en los últimos días la represión se ha dirigido contra los manifestantes en las calles, los cuales no son necesariamente sindicalistas. Esas protestas han reunido a un amplio espectro de egipcios, incluidos hijos e hijas de la elite. De modo que tenemos una combinación de pobres y jóvenes de las ciudades junto con la clase media y los hijos e hijas de la elite.
Pienso que Mubarak ha logrado agrupar a todos los sectores de la sociedad con la excepción de su círculo íntimo de cómplices.
La revolución tunecina se ha descrito como muy encabezada por la “juventud” y dependiente para su éxito de la tecnología de las redes sociales como Facebook y Twitter. Y ahora la gente se concentra en la juventud en Egipto como un catalizador importante. ¿Se trata de una “intifada juvenil” y podría tener lugar sin Facebook y otras nuevas tecnologías mediáticas?
Sí, es una intifada juvenil en la calle. Internet sólo juega un papel en la difusión de la palabra y de las imágenes de lo que sucede en el terreno. No utilizamos Internet para organizarnos. Lo utilizamos para dar a conocer lo que estamos haciendo sobre el terreno con la esperanza de animar a otros para que participen en la acción.
Como habrá oído, en EE.UU., el presentador de programas de entrevistas Glenn Beck ha atacado a una académica ya mayor, Frances Fox Piven, por un artículo que ella escribió llamando a los desocupados a realizar protestas masivas por los puestos de trabajo. Incluso ha recibido amenazas de muerte, algunas de gente sin trabajo que parece más feliz fantaseando sobre dispararle con una de sus numerosas armas que por luchar realmente por sus derechos. Es sorprendente pensar en el papel crucial de los sindicatos en el mundo árabe actual, teniendo en cuenta las más de dos décadas de regímenes neoliberales en toda la región cuyo objetivo primordial es destruir la solidaridad de la clase trabajadora.
¿Por qué han seguido siendo tan importantes los sindicatos?
Los sindicatos siempre son el remedio mágico contra cualquier dictadura. Mire a Polonia, Corea del Sur, América Latina o Túnez. Los sindicatos siempre fueron útiles para la movilización de las masas. Hace falta una huelga general para derrocar una dictadura, y no hay nada mejor que un sindicato independiente para hacerlo.
¿Hay un programa ideológico más amplio tras las protestas, o sólo librarse de Mubarak?
Cada cual tiene sus razones para salir a las calles, pero yo supongo que si nuestro levantamiento tiene éxito y derrocamos a Mubarak aparecerán divisiones. Los pobres querrán impulsar a la revolución a una posición mucho más radical, impulsar la redistribución radical de la riqueza y combatir la corrupción, mientras que los denominados reformistas quieren poner frenos, presionar más o menos por los cambios "desde arriba" y limitar un poco los poderes pero mantener alguna esencia de Estado.
¿Cuál es el papel de la Hermandad Musulmana y cómo impacta en la situación el hecho que permanezca distante de las actuales protestas?
La Hermandad ha sufrido divisiones desde el estallido de la intifada al-Aqsa. Su participación en el Movimiento de Solidaridad con Palestina cuando se enfrentó con el régimen fue desastrosa. Básicamente, cada vez que sus dirigentes llegan a un compromiso con el régimen, especialmente los acólitos del actual guía supremo, desmoralizan a sus cuadros de base. Conozco personalmente a numerosos jóvenes hermanos que abandonaron el grupo, algunos de ellos se han unido a otros grupos o siguen independientes. A medida que crece el actual movimiento callejero y la dirigencia inferior participa, habrá más divisiones porque la dirigencia superior no puede justificar por qué no forma parte del nuevo levantamiento.
¿Cuál es el papel de EE.UU. en este conflicto? ¿Cómo ve la gente en la calle sus posiciones?
Mubarak es el segundo beneficiario de la ayuda exterior de EE.UU., después de Israel. Se le conoce como el matón de EE.UU. en la región; es uno de los instrumentos de la política exterior estadounidense, que implementa su programa de seguridad para Israel y el flujo sin problemas del petróleo mientras mantiene a raya a los palestinos. De modo que no es ningún secreto que esta dictadura ha gozado del respaldo de gobiernos de EE.UU. desde el primer día, incluso durante la engañosa retórica pro democracia de Bush. Por lo tanto no hay que sorprenderse ante las risibles declaraciones de Clinton que más o menos defendían el régimen de Mubarak, ya que uno de los pilares de la política exterior de EE.UU. es mantener regímenes estables a costa de la libertad y los derechos cívicos.
No esperamos nada de Obama, a quien consideramos como un gran hipócrita. Pero esperamos que el pueblo estadounidense –sindicatos, asociaciones de profesores, uniones estudiantiles, grupos de activistas,- se pronuncien en nuestro apoyo. Lo que queremos es que el gobierno de EE.UU. se mantenga completamente fuera del asunto. No queremos ningún tipo de respaldo, simplemente que corte de inmediato la ayuda a Mubarak y retire el respaldo, que se retire de todas las bases en Medio Oriente y deje de apoyar al Estado de Israel.
En última instancia, Mubarak hará todo lo que tenga que hacer para protegerse. De repente adoptará la retórica más anti-estadounidense si piensa que pueda ayudarle a salvar el pellejo. A fin de cuentas está comprometido con sus propios intereses y si piensa que EE.UU. no lo apoyará, se volverá en otra dirección. La realidad es que cualquier gobierno realmente limpio que llegue al poder en la región llegará a un conflicto abierto con EE.UU. porque llamará a una redistribución racional de la riqueza y a terminar con el apoyo a Israel y a otras dictaduras. De modo que no esperamos ninguna ayuda de EE.UU. Sólo que nos dejen en paz.
Mark LeVine es profesor de historia en la Universidad de California Irvine e investigador visitante senior en el Centro de Estudios de Medio Oriente en la Universidad Lund en Suecia. Sus libros más recientes son Heavy Metal Islam (Random House) e Impossible Peace: Israel/Palestine Since 1989 (Zed Books).
FIN
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CAMARADAS Y HERMANOS EN EGIPTO: LA ALIANZA ENTRE LA IZQUIERDA Y LOS ISLAMISTAS
FUENTE: Lunes 16 de julio de 2007 por CEPRID
AUTOR: Hossam El-Hamalawy
Traducción de Manuel Gancedo
Emad Mubarak es un hombre ocupado. Director de la Asociación por la Libertad de Pensamiento y de Expresión, y abogado del Centro de Leyes Hisham Mubarak, al izquierdista Mubarak no se le pasa un mitin sin que le interrumpa su teléfono móvil. En estos días las llamadas son de miembros de la Hermandad Musulmana, el grupo islamista oficialmente fuera de la ley que constituye el principal movimiento político de Egipto. Los estudiantes llaman para informar de abusos de los servicios de seguridad contra ellos en los campus, o para solicitar asesoría legal cuando son sometidos a interrogatorios por los administradores de la universidad.
“Cada vez que recibo una llamada, no puedo evitar pensar en los viejos tiempos y en cómo era el campus con los Hermanos”, ríe Mubarak. En Marzo de 1999, pasó 22 días en la prisión de Tura, al sur de El Cairo, después de que los estudiantes de la Hermandad Musulmana le apresaran junto a ocho compañeros socialistas en el campus y les entregaran a la policía. “Hoy día las cosas son diferentes. Izquierdistas e Islamistas pueden sentarse a hablar. La mayoría de mis clientes son Hermanos Musulmanes”, dijo Mubarak. “Yo les digo que soy comunista, y a ellos les parece muy bien”.
Desde las peleas a puñetazos en la década de 1990 hasta las manifestaciones de 2005-2006, las relaciones entre los Hermanos Musulmanes y la izquierda radical en Egipto han recorrido un largo camino. En las situaciones en que ambas formaciones han trabajado codo con codo, como las asociaciones de estudiantes y los sindicatos de trabajadores, la hostilidad abierta se ha desvanecido, e incluso hay una pequeña proporción de coordinación acerca de las tácticas. Aún así la cooperación es simbólica, e izquierdistas e islamistas tienen aún que unir sus fuerzas para llevar a cabo acciones masivas y sostenidas contra su enemigo común, el régimen del presidente Hosni Mubarak.
Una nueva clase de izquierdista
El progreso de las relaciones izquierdistas-islamistas puede a gran escala definirse en base a dos factores. Primero está la evolución de una nueva izquierda en Egipto cuyos dos pilares principales son la Organización Revolucionaria Socialista y una creciente comunidad pro-derechos humanos afín a la izquierda. Esta nueva izquierda tiene una actitud hacia el islamismo diferente de la sostenida por las previas “olas comunistas”[1] Además está el cambio generacional entre la izquierda y los seguidores de la Hermandad espoleados por el resurgir de las políticas egipcias de calle, gracias a la segunda intifada palestina.
Hay una larga historia de sangre entre la izquierda egipcia y los Hermanos, desde la alianza de los islamistas con el Rey Farouq durante las huelgas de 1940 hasta el aliento del presidente Anwar al-Sadat a los asaltos islamistas a los estudiantes universitarios izquierdistas en los 70. La mayoría de la organizaciones izquierdistas de los 80 y los 90 adoptaron una actitud hacia el Islam político similar a la del Partido Comunista Egipcio – la facción dominante dentro del Partido Tagammu de la “izquierda legal”-equiparando las organizaciones islamistas, reformistas o radicales, al fascismo. La única y modesta excepción fue el Partido Socialista Popular de Ahmad Nabil al-Hilali que en los últimos 80 flirteó con la idea de que el islamismo militante era un “movimiento de los pobres” ganándose su apoyo. La actitud mayoritaria en la tradicional izquierda estalinista se convirtió en una alianza, a veces abierta y a veces tácita con la intelectualidad laica egipcia y con el régimen de Mubarak. Huelga decir que la acción conjunta con los Hermanos nunca estuvo sobre la mesa. Unos pocos abogados de izquierdas como al-Hilali y Hisham Mubarak se involucraron en la defensa de detenidos islamistas, pero esas fueron iniciativas individuales. Como era de esperar, los Hermanos Musulmanes no apreciaron la etiqueta de “fascistas”, y recordaron a la izquierda con gran desconfianza.
Comenzando a finales de los años 80 pequeños círculos de estudiantes egipcios, influidos por el trotskismo se congregaron para estudiar, llegando a desarrollar en abril de 1995 una organización llamada Tendencia Revolucionaria Socialista. Al contrario que la izquierda estalinista, estos activistas usaron el eslogan “Con los islamistas a veces, con el Estado nunca” en los escritos que distribuían en los campus universitarios y demás lugares.[2] En la práctica, este eslogan suponía llevar la causa de los estudiantes de la Hermandad Musulmana a los campus en lo que atañe a cuestiones “democráticas”, como cuando la seguridad del estado excluyó a los candidatos islamistas de presentarse a las elecciones para las uniones estudiantiles o expulsaron a estudiantes islamistas de las escuelas. Las “galerías” (ma‘arid) - periódicos improvisados escritos en telas o en cartones y lanzadas por las plazas de los campus- de los estudiantes Socialistas Revolucionarios en las universidades de El Cairo y ‘Ayn Shams denunciaban a menudo las sentencias que los tribunales militares aplicaban a los Hermanos Musulmanes. Al mismo tiempo, los estudiantes trotskistas se enfrentaban a los Hermanos Musulmanes en asuntos como la libertad de expresión y los derechos de las mujeres y de los cristianos coptos. Cada vez que sentían que los Hermanos querían imponer la segregación de sexos en las aulas, o poner frenos al teatro o al arte en los campus, o cuando quiera que el Guía Supremo de la Hermandad hiciera comentarios sectarios sobre los coptos, las “galerías” de los socialistas mostraban vehementes denuncias.
Como evoca un miembro Socialista Revolucionario que estaba en activo en los años 90: “Éramos un tipo de izquierdistas que los Hermanos Musulmanes nunca antes se habían encontrado. Al principio no lograban entendernos. De todas formas, aún éramos demasiado marginales como para que se preocuparan por nosotros. Solo éramos unos pocos individuos”. Esto empezó a cambiar en 1999. En algunas ocasiones durante aquel año, como recuerda un socialista, los estudiantes de la Hermandad Musulmana en la Universidad de El Cairo permitieron a los estudiantes Socialistas Universitarios hablar en los actos que tuvieron lugar en los campus contra los ataques aéreos de EE.UU. en Irak. Los estudiantes socialistas tomaron esta oportunidad sin precedentes como una señal del reconocimiento por parte de los Hermanos Musulmanes de que eran una fuerza a la que había que dar un lugar en la escena política. Fue un paso más en el largo y lento camino para asentar la confianza.
Desde un puñado de miembros en 1995, los Socialistas Revolucionarios crecieron hasta unos cientos de activistas en vísperas de la segunda intifada palestina, cuyos mandos agradecieron entonces su papel en el movimiento egipcio de solidaridad con los palestinos, en una época en que los Hermanos Musulmanes se abstuvieron claramente en las acciones de calle. La influencia radicalizadota de la intifada entre la juventud ayudó a reavivar la tradición egipcia de la política de calle, que había sido virtualmente sofocada por los temibles servicios de seguridad del régimen de Mubarak. El Cairo y otras varias provincias fueron testigo de las mayores y más tumultuosas manifestaciones desde los levantamientos que sucedieron al intento del presidente Anwar al-Sadat de retirar los subsidios estatales para el pan y otros productos de primera necesidad. A pesar de las oportunidades que se presentaban con el bullir de la calle, La Hermandad Musulmana siguió una política de no-confrontación con el régimen que había soportado desde la campaña de 1995 contra sus mandos y sus bases, y que culminó en una serie de infames tribunales militares. Los estudiantes de la Hermandad no solo rehusaron movilizarse en la calle, sino que además buscaron en varias ocasiones alejar a la militancia de las manifestaciones. [3] En octubre del 2000, por ejemplo, tras los choques de los socialistas con la seguridad del estado en los que se incendiaron furgones policiales en manifestaciones a favor de los palestinos, los Hermanos salieron denunciando el “sabotaje socialista”. Otras veces, los estudiantes islamistas trataron de impedir físicamente a otros estudiantes el salir fuera de las puertas de los campus.
La cada vez más radicalizada escena política creó el escenario para que interviniera la izquierda, pero además generó presión sobre los líderes de la Hermandad Musulmana por parte de las bases de la organización. Los activistas de izquierda entonces en las universidades reclaman que se “nombre y avergüence” a los activistas de la Hermandad en los campus por su falta de participación en las masivas protestas. A principios de abril de 2002, justo a continuación de la campaña contra los alzamientos en favor de Palestina liderados por la izquierda, miembros de los Hermanos Musulmanes comenzaron a participar en eventos organizados por el Comité Popular Egipcio para la Solidaridad con la intifada Palestina. “Representantes sindicales de la Hermandad Musulmana empezaron a aparecer en nuestros mítines”, dice Ahmad Sayf, director del Centro de Leyes Hisham Mubarak, que había estado albergando las reuniones del comité. “No tenían otra elección, ya que hubieran podido perder credibilidad entre su electorado si no hubieran dado este giro”. Aún así solo enviaron a sus representantes [normalmente ‘Isam al-‘Iryan o ‘Abd al-Mun‘im Abu al-Futouh, los dirigentes mayores más populares entre la juventud islamista] evitando la movilización masiva. Lo más importante, continúa Sayf, era que “la Hermandad se doblegaba ante la presión de sus juventudes, descontentas con la complacencia hacia las autoridades”. El 5 de abril de 2002 un grupo de jóvenes Hermanos Musulmanes publicaron una carta abierta al Guía Supremo Mustafa Mashhour en el periódico Londinense al-Hayat en la que se cuestionaba la aquiescencia del grupo en la anticampaña de los servicios de seguridad y en la que se exigía una mayor implicación en el movimiento de solidaridad con Palestina. Sayf concluye: “La alternativa era aproximarse a los radicales de la oposición, dado que la oposición legal, representada por Tagammu‘, Wafd y los Nasseristas era demasiado hostil. Por otra parte, los radicales en la oposición, estaban felices de conseguir cualquier ayuda con que los Hermanos desearan contribuir”.
Al principio los Hermanos Musulmanes se aproximaron a los miembros Socialistas Revolucionarios, reconociéndolos como la “menos hostil” entre las facciones izquierdistas, para dar a entender que los islamistas colaboraban con la izquierda en los movimientos pro-intifada y anti-guerra. La jugada disparó un debate entre los círculos izquierdistas. Simpatizantes del Partido Comunista Egipcio, el Partido Socialista Popular, miembros de la burocracia del Tagammu‘ y una parte de las organizaciones de derechos humanos rechazaron cualquier forma de coordinación con los islamistas, aunque hicieron una excepción con el Partido Laborista de Magdi Hussein, cuya forma de islamismo se reconoce de algún modo como “de línea izquierdista”. La escena habitual en semejantes manifestaciones era que la multitud se dividiera en dos círculos, uno dirigido por izquierdistas y Nasseristas coreando eslóganes de izquierdas, y otro dirigido por los simpatizantes del Partido Laborista coreando eslóganes islámicos. Por otra parte, los Socialistas Revolucionarios, presionaban por una colaboración más estrecha, apoyados por los activistas pro-derechos humanos del ala izquierda como los miembros del Centro de Leyes Hisham Mubarak y el Centro Nadeem por la Rehabilitación de las Víctimas de Violencia.
“Espíritu de Hermandad"
En 2003 y 2004, La Hermandad Musulmana se adhirió a su política de no-confrontación. Mientras los Hermanos seguían enviando representantes a las manifestaciones pro-Palestina y anti-guerra, la actividad principal de la organización eran las obras de caridad, y mostrarse dentro de los límites impuestos por el régimen, en completa coordinación con los servicios de seguridad. El régimen usaba al grupo como válvula de seguridad para la disidencia durante las primeras fases de la guerra en curso en Irak, permitiendo a los Hermanos tomar parte en las concentraciones patrocinadas por el gobierno en el Estadio de El Cairo, así como en las provincias. Mientras tanto, el izquierdista comité de solidaridad con Palestina se convirtió en un movimiento anti-guerra, convocando pequeñas acciones callejeras, que desembocaron en cargas policiales en el centro de El Cairo los días 19 y 20 de marzo de 2003. El verano siguiente un activista de los hermanos musulmanes de grado medio se refirió a la creciente frustración entre las bases y sus líderes “dejándole la calle vacía a los izquierdistas". Cuando entró Kifaya en escena parte de la juventud de la Hermandad quiso seguir el ejemplo.
El movimiento anti-guerra, sucesor del movimiento pro-intifada, evolucionó nuevamente a finales de 2004 en un movimiento anti-Mubarak, compuesto por dos organizaciones. Una era Kifaya (el Movimiento Egipcio por el Cambio), una coalición hecha principalmente de miembros de la escindida facción nasserista, Karama, indivíduos del liberal Partido al-Ghad, figuras del Partido Comunista Egipcio y veteranos del movimiento estudiantil de los 70. El otro ala era la Campaña Popular por el Cambio, que era más marxista en su composición, e incluía a los Socialistas Revolucionarios, activistas pro-derechos humanos del ala izquierda e izquierdistas independientes. Ambas organizaciones se unieron más o menos en los meses que siguieron. Las acciones de calle de Kifaya, en ocasiones teatrales y quijotescas, atrajeron la atención pública y ayudaron a romper tabús en la vida de Egipto desafiando directamente y sin eufemismos al presidente y su familia.
Poco después de una serie de manifestaciones de Kifaya, un grupo de activistas de la Hermandad Musulmana, en especial ‘Ali ‘Abd al-Fattah de Alejandría, mantuvo conversaciones con los Socialistas Revolucionarios e izquierdistas independientes, lo que resultó en el lanzamiento de la Alianza Nacional por el Cambio en junio de 2005. La alianza era táctica y se centró en una plataforma anti-Mubarak, haciendo énfasis en la vigilancia contra las intenciones del aparato electoral en el año de las elecciones parlamentarias y presidenciales. Los frutos de esta alianza no alteraron radicalmente la escena política sobre el terreno. Tras anunciar su intención de llevar a cabo una manifestación conjunta con la izquierda en ‘Abdin Square en julio de 2005, los Hermanos Musulmanes decidieron mostrarse, citando presiones de la seguridad. Se organizaron dos manifestaciones conjuntas más frente al Sindicato de Abogados. La primera fue caótica, y la segunda estuvo mejor organizada, con un consenso en cuanto a eslóganes y pancartas. Desde las elecciones parlamentarias en el invierno de 2005, la alianza se mantuvo al margen de las calles, pero se mantuvo en su sitio en cuanto a coordinación y a los mecanismos de resolución de problemas donde quiera que surgiera fricción en los puestos de trabajo.
El acercamiento entre los islamistas y la izquierda continuó cuando los estudiantes de la Tendencia Revolucionaria Socialista, los Hermanos Musulmanes y algunos independientes formaron la Unión Libre de Estudiantes (F.S.U.) en noviembre de 2005 con la intención de actuar como una organización paralela con las uniones de estudiantes dominadas por el gobierno. El FSU se centró en las Universidades de Helwan y de El Cairo con una minúscula presencia de otras pocas universidades, incluyendo ‘Ayn Shams. Siguiendo el aparato de las elecciones de la unión de estudiantes, la Hermandad usó su peso en la FSU, autorizando nuevas ramas en universidades como las de al-Azhar, Mansoura y Alejandria. Pese a que el FSU está lejos aún de llevar a cabo las ambiciones de sus organizadores –nada menos que una unión de estudiantes con raíces a nivel nacional- los lugares en los que opera el FSU han sido testigo de otro gran avance en las relaciones entre los Hermanos y la izquierda radical. Mustafa Muhi al-Din, un activista socialista de la Universidad de Helwan, describe las relaciones con los Hermanos en los campus como amistosas. “Nos invitan a sus eventos y muestran interés por nuestras actividades. Tal vez esta unión no sea sólida aún, pero hay un lugar para las actividades. Podemos ser activos y extender nuestro mensaje, ocupándonos de la seguridad del estado pero no así del acoso de la Hermandad y en ocasiones nos tienden una mano. Igual que hacemos nosotros. Esto facilita las cosas”. ‘Abd al-‘Aziz Mugahid, activista de la Hermandad y presidente del FSU en la Universidad de Helwan, habla con entusiasmo del “espíritu de hermandad” en el campus. “Los socialistas intervinieron para ayudarnos en las manifestaciones de solidaridad con nuestras hermanas que habían sido expulsadas de las residencias por usar el niqab, y se alzaron en nuestro favor cuando la administración expulsó a más de 400 estudiantes por razones de seguridad. Estas actividades conjuntas no eran antes frecuentes”.
Cambio generacional
La espina dorsal de las acciones de solidaridad con la intifada palestina han sido estudiantes de alrededor de la veintena. Como vírgenes políticamente hablando, no arrastraban el lastre de las históricas luchas entre izquierdistas e islamistas, y entre facciones de la izquierda. [4]
Mientras tanto, el perfil de la media de los jóvenes activistas de la Hermandad Musulmana había sufrido su propia transformación, dando lugar a que un considerable número de jóvenes de la Hermandad se abriese a la coordinación con grupos laicos. “El talante de la Hermandad ha cambiado”, dice Husam Tammam, autor de un libro reciente sobre la organización. [5] “Han sido asimilados socialmente. Hoy en día no son necesariamente hijos de los cinturones de pobreza y de la marginalidad”. La entrada decisiva de la Hermandad en la política electoral “llegó a expensas de su identidad, forzándoles a ser más pragmáticos”, añade Tammam. “Así que olvidémonos del estado islámico, del califato y todo eso. Cuanto más iban los Hermanos entrando a la arena política, más se han integrado, y más han tratado de operar de acuerdo con las reglas del escenario”. Tammam continúa: “Los hermanos han cambiado en su relación con el arte, la sociedad y su visión. Esto puede verse bien entre la juventud [de los Hermanos]. La juventud votó por [el candidato del Ghad] Ayman Tour. Esto no fue una orden central de los líderes del grupo. Cuando se dejó a la juventud sin órdenes, no siguieron necesariamente la línea principal del grupo. Bajo mi punto de vista, el último evento reseñable sostenido por los Hermanos, antes de que tomaran la calle, fue un acto organizado por los estudiantes de la Hermandad llamado el día de Mahoma que tuvo lugar en el día de San Valentín. La juventud islamista pensó, ¿Cómo podemos amar pero de un modo correcto? Si comparamos esto con el comportamiento de la juventud islamista en 1985, es completamente diferente. En aquel entonces todos ellos pensaban en como establecer el estado islámico y resucitar el califato. Habrían visto el día de San Valentín como una pérdida de tiempo. La juventud de hoy, sin embargo no adopta una consideración tan agresiva”.
De las observaciones de Tammam se han hecho eco los izquierdistas que compartieron celdas de prisión con los jóvenes Hermanos durante la anticampaña de la primavera de 2006 sobre el movimiento de solidaridad con los jueces egipcios que sacaron a la luz el fraude y la intimidación de los votantes en las elecciones de 2005. En la crónica de su encuentro con los detenidos de la Hermandad Musulmana, el izquierdista laico independiente ‘Ala’ Sayf escribió: “Eran de esa raza de islamistas que leen los blogs, ven al-Jazeera, cantan canciones sha‘bi (populares), hablan de intensa historias de amor y corean ‘abajo Mubarak’. Y al ser jóvenes, la mayoría de ellos no habían tenido anteriores experiencias en la prisión. Esperando saber si les darían una pena de 15 ó 45 días por principiantes, esperando a saber si serían enviados a una carcel sencillamente horrible o bien demasiado horrible, y en mitad de todo esto nos llegó la noticia de que me podrían liberar al día siguiente”. Y con la noticia de su liberación, ¡De repente, pasaron de ser solo Hermanos a ser camaradas! Me abrazaron, me aplaudieron, estrecharon mi mano, rieron y estaban verdaderamente felices por mi liberación… Cuando estamos hablando de los 22 a los que se liberó aquella semana, y no digo 22 liberados de entre 30, eran 22 de 600… afrontando los mismos cargos y combatiendo a los mismos tiranos”. La web oficial de los Hermanos Musulmanes invitó a ‘Ala’ Sayf a escribir un mensaje a los jóvenes de la Hermandad. El 24 de julio les escribió, haciéndoles un llamamiento a ser “más emprendedores”, y abogando por una mayor acción militante de calle.
Hoy día, la mayoría de las facciones de la izquierda siguen siendo contrarias (o expresan recelo a este respecto) a acciones conjuntas con los islamistas, sobre todo la recientemente desarrollada Izquierda Democrática (una tendencia reformista centrada en torno a la revista al-Busla), el Partido Comunista Egipcio, el Partido Socialista Popular y una parte de la comunidad por los derechos humanos. Pero los Hermanos y los camaradas que trabajarán con ellos siguen comprometidos en la construcción de una mutua confianza. El liderazgo de los Hermanos Musulmanes es firmemente gradualista y sigue mirando siempre por los compromisos con el régimen. Esta actitud podría impedir un mayor acercamiento con la izquierda radical, a menos que la base de jóvenes de la Hermandad alcance una mayor voz acerca de cuándo, y cómo, su poderosa organización se conduzca a sí misma.
Notas finales
[1] Los historiadores de izquierdas dividen la historia del comunismo egipcio en “oleadas”. La primera empezó en 1919 con la fundación del Partido Socialista Egipcio, que se transformó más adelante en el Partido Comunista Egipcio, solo para ser destruido por las anticampañas del gobierno de Wafd en 1924. La segunda ola empezó a finales de los años 30 con la formación de círculos de estudio comunista que evolucionaron en varias organizaciones y facciones, con breves periodos de unidad; terminó con la disolución del Partido Comunista en 1965. La tercera ola comenzó en 1968 con el resurgir de los movimientos de trabajadores y estudiantes, sufrió una derrota que acabó con ella en 1977 y muriço oficialmente econ el colapso de la Unión Soviética en1991. La (actual) cuarta ola comenzó en 1995, con el lanzamiento de la Tendencia Socialista Revolucionaria.
[2] El eslogan fue acuñado por Chris Harman, un teorista de la Tendencia Socialista Revolucionaria con base en Gran Bretaña, en su libro, El profeta y el proletariado, accesible en Internet a través de la dirección http://www.marxists.de/religion/harman/index.htm. El libro fue traducido al árabe, y ampliamente difundido por los Socialistas Revolucionarios en 1997.
[3] Ver “Políticas de calle” de Hossam el-Hamalawy, Cairo Times, 26 de septiembre de 2002; y “La Posguerra en Oriente Medio”, de Hossam el-Hamalawy, Islam Online, 30 de abril de 2003.
[4] El-Hamalawy, “Políticas de calle”.
[5] Husam Tammam, Tahawwulat al-Ikhwan al-Muslimin (El Cairo: Madbouli, 2005).
Hossam El-Hamalawy es periodista en El Cairo y blogger.
