
Declaración del GHM contra el Golpe Militar en Honduras y contra el rol del imperialismo norteamericano
Fecha: 29/07/09
Es necesaria una férrea oposición de los intelectuales contra el golpe y en solidaridad con las masas trabajadoras y pobres de honduras
El 28 de julio de este año América Latina y el mundo han presenciado un Golpe Militar en Honduras, perpetuado por la derecha política y civil, con el apoyo explícito de la Iglesia Católica y Evangélica y con el respaldo de la totalidad de las instituciones estatales, ejecutivo, legislativo y las FF.AA.
Este Golpe Militar se efectúa para deponer a Manuel Zelaya, el último presidente elegido por los mecanismos democráticos institucionales, justo cuando éste avanzaba en delinear un proceso que llevaría a una reforma de la Constitución hondureña que permitiría la realización de una Asamblea Constituyente, en la cual se haría votar democráticamente que el país se acercara al tipo de régimen de los gobiernos progresistas como el de Chávez o Correa. Es decir se trata de un golpe militar que liquida la ya limitada democracia hondureña impuesta a sangre y fuego por los militares, la derecha política y civil de la mano del Imperialismo Norteamericano a principios de los 80`.
El rol del Imperialismo Norteamericano, que estuvo en discusión durante las primeras semanas, hoy ya se evidencia en las declaraciones de Hilary Clinton del los días Viernes y Sábado recién pasados, en donde calificaba de “imprudente” e incluso de “provocación” al segundo intento de Zelaya por volver a Honduras luego de haber sido sacado por medio de la fuerza armada de los militares golpistas el 28 de julio. Se trata de un rol que sostiene el golpe, porque resguarda el “orden” nacional e internacional, que hoy con los golpistas en el poder no es más que el “orden” que favorece a la reacción. Este rol se ve claramente también en el show diplomático de Oscar Arias, presidente de Costa Rica, que entró a la escena hace dos semanas como “mediador”, concediendo a los golpistas no solo el acto de la “negociación” - cuando ellos están en el poder con las armas y las masas hondureñas desarmadas en la calle - sino que además concediéndoles que sí dejan retornar a Manuel Zelaya éste les garantizaría la amnistía y depondría sus objetivos políticos de modificar la Constitución y de realizar la Asamblea Constituyente, es decir abandonando toda la política progresista del depuesto mandatario, una “negociación” completamente entreguista que garantizaba el triunfo político de la derecha y el imperialismo.
Pero como siempre ocurre, si no son las masas quienes enfrentan en las calles al golpismo con una perspectiva clara y propia, aquél se ve fortalecido, y esto quedo demostrado a tal punto que los golpistas rechazaron incluso esta carta de negociación y hoy Zelaya se encuentra en la frontera de Nicaragua con Honduras para intentar un nuevo retorno luego de esta derrota política – con dos jóvenes asesinados de por medio -. Derrota que no es solo de Zelaya sino también del conjunto del progresismo “posneoliberal” en América Latina que se ha mostrado incapaz de poner una resistencia relevante al Golpe más allá de declaraciones y acciones simbólicas como ha hecho Chávez o la misma condena del golpe por parte de la OEA que ni si quiera se jugó a sostenerla.
Con estos hechos es preciso recalcar que el carácter de este Golpe Militar es fundamentalmente político si consideramos la coyuntura hondureña y regional, pero social realizado contra la clase trabajadora y las masas pobres de la ciudad y el campo si dimensionamos el proceso histórico más de conjunto. Durante los últimos años América Latina pasó por un momento de consolidación de posiciones por parte de los gobiernos progresistas como el Chávez en Venezuela o el de Evo Morales en Bolivia, gobiernos progresistas que surgieron como la canalización parcialmente nacionalista de izquierda, hacia los marcos de la democracia capitalista-semicolonial, del proceso de acontecimientos y desarrollo de una aguda lucha de clases en la región (la “Guerra del Agua” el 99’ en Bolivia y las jornadas revolucionarias que abrieron una situación revolucionaria el 2003 y tuvieron resonancias el 2004-2005-2006, el “Que se vayan todos y no quede ni uno solo” y “fábricas sin patrones” de Argentina el 2001-2003, la lucha contra la reacción golpista en Venezuela el 2002, entre otros procesos y acontecimientos). Es decir se institucionalizó en la política progresista de las clases dominantes nativas una aguda lucha de clases, que venía abonando un proceso de recomposición de la subjetividad de la clase trabajadora y las masas. Esto y el hecho de que la crisis general del capitalismo esta afectando a todos los gobiernos sin distinción, son condiciones objetivas y subjetivas más favorables para que la derecha se fortalezca políticamente y avance en captar a sectores de la clase media y elementos de todas las clases en creciente polarización social y política. Por esto último, si bien el carácter del Golpe Militar en Honduras es fundamentalmente político es claramente una acción preventiva de la derecha y el imperialismo para encontrarse mejor ubicada a nivel nacional e internacional para los futuros enfrentamientos más agudos entre las clases que depara la crisis económica con sus altas tasas de cesantía, estanflación y reducciones salariales, junto con la crisis política que desencadena el debilitamiento del pilar de los regímenes de los 90’ – la hegemonía de EE.UU-. En síntesis, se trata de un Golpe Militar que es un triunfo político de la derecha contra el progresismo, y a la vez un triunfo político y social de la burguesía nacional e imperialista contra la clase trabajadora y las masas.
La crisis general que atraviesa el capitalismo, como tal, es decir como crisis de la totalidad de las dimensiones del sistema – la economía, la superestructura dominante (Estados, partidos, ideologías, etc.) y las clases y las relaciones entre las clases – es, vista como proceso, la crisis más aguda que ha sufrido el capitalismo en su historia y esto es plenamente comprensible si consideramos que todo el siglo XX fue una acumulación cuantitativa y cualitativa de contradicciones de todo tipo cada vez más agudas, como producto de derrotas políticas y sociales brutales de la clase trabajadora y las masas a manos de la reacción burguesa. Esto permitió le permitió sobrevivir al capital, pero a costa de incrementar su descomposición, como lo es, por ejemplo, la superfinanciarización de la economía que creó una burbuja de bienestar sobre bases reales ínfimas que hoy están amenazadas, o las agudas contradicciones económicas, sociales, políticas, étnicas y culturales que emergen más contundentemente en Europa del Este, Medio Oriente y Asia. América Latina, como hemos visto en la disminución radical de las tases de crecimiento y en la crisis y desgastes de regímenes, y en el mismo golpe en Honduras, no es ajena a este escenario internacional, y posee sus propias contradicciones internas que amplificarán la crisis (estructura económica semicolonias y el peso económico y político de EE.UU. amparado en las burguesías locales, entre otras), por lo que tenderá a re-emerger una aguda lucha de clases regional para definir el destino de la sociedad, tal como lo ha mostrado la historia y tradición de lucha de clases latinoamericana.
En este contexto el rol de los intelectuales estará cada vez más puesto en el “teatro” de la historia, pero no como el académico que escribe en su imparcialidad abstracta y aparentemente científica, sino como el individuo que reflexiona y se pronuncia con claras consecuencias políticas y sociales, como parte de la lucha de clases. Cientos de periódicos regionales, liberales y conservadores, están publicando decenas de artículos durante estos días de intelectuales que hablan del golpe, la gran mayoría abiertamente golpistas, en esta cruda “obra” que se llama lucha de clases las mascaras imparciales de los actores son retiradas para que emerjan los proyectos sociales, las ubicaciones de clase y las pasiones que indican que los tiempos están cambiando, que el clímax esta próximo.
Hacemos un llamado a todos los académicos, estudiante e intelectuales a repudiar activamente el Golpe Militar en Honduras, a denunciar el rol del Imperialismo Norteamericano, a solidarizar con la lucha de las masas trabajadoras y oprimidas hondureñas, y a preparar concientemente una intelectualidad que sea capaz de enfrentar con nivel y compromiso con la clase trabajadora, la enorme tarea de contribuir a derrotar a la reacción y a conformar una perspectiva de una sociedad sin explotación, ni opresión, que garantice la democracia para (y de) los trabajadores y las masas, una sociedad socialista.
Julio 2009
Grupo de Historia Marxista
